Holes 2011

Fundacao D. Luis I . Cascais. Lisboa

Hilos de algodón en cajas con un sistema de led,s grabado en un driver en bucle.

  • Mariano Navarro

    Trozos de luz humanizadosEn la que se consolida como una trayectoria singular y coherente, plenamente desarrollada en el transcurso aproximado de los últimos cinco años, las cualidades más apreciadas del trabajo de Mercedes Lara son la importancia decisiva de la luz en su trabajo y, también, el carácter expansivo y la amplitud de técnicas ajenas a lo pictórico que se integran en su pintura.

    En esta ocasión me gustaría ampliar ese espectro a otras dos que creo iguales o superiores en valor, la importancia creciente y continuada de la reflexión sobre el espacio y sus inteligentes e intencionadas intervenciones espaciales, más allá de las posibilidades de la superficie pintada, y la incorporación de un nuevo factor que adquiere rango de primacía en su obra, el tiempo, el transcurso dinámico de la visión como denominador común de una experiencia individual de la luz, que ocupa el lugar y que, como el sucederse cronológico, no tiene final predeterminado.

    Prueba fehaciente de esa voluntad espacial invasora ha sido la permanente inclusión en las muestras de su obra de piezas exentas, bien fuesen biombos con imágenes diferenciadas en el anverso y el reverso, como ocurrió en En movimiento, 2005 –exposición que tuve la fortuna de prologar con un texto del que creo se mantienen vivas sus conclusiones fundamentales–, o cubos, a veces montados unos sobre otros a modo de construcciones lúdicas, en Luces y luces, realizada al año siguiente o el maravilloso puzzle montado con motivo de Trasluz, de ese mismo año. En cualquier caso, obras destinadas a pautar la relación del espectador con el lugar y, también, a modificar la visión de éste en el paso de un grupo de obras a otro distinto.

    Pero, sin lugar a dudas, las intervenciones públicas que hizo en el Espacio Fisac, de Daimiel, en su tierra natal, en 2008, y en el Palacio Pimentel de Valladolid, en 2009, de muy distinto signo una de otra, son la basa de sustentación de la pieza de clave de esta exposición suya en Cascais. A las que cabría añadir otros proyectos igualmente impactantes y no realizados, de los que, sin embargo, tengo noticia.

    En el primer caso, la artista se enfrentaba a una edificación emblemática de la relación entre arquitectura funcional y, por así decirlo, regionalismo o ruralismo, el antiguo mercado de abastos de Daimiel, obra del gran Miguel Fisac, remodelado por él mismo como centro cultural, en el que sería su último proyecto realizado y que el arquitecto no llegaría a ver concluido bajo su nueva denominación de Espacio Fisac.

    Lara ayuntó me parece dos de las concepciones germinales del arquitecto con su propia idea de qué hacer en un lugar ya edificado. De este modo, el “espacio dinámico” de Fisac, y su explicitación a través de sus convicciones religiosas en múltiples iglesias españolas, se transformaba, en manos de Mercedes Lara, en una dinamización cromática de los elementos estructurales arquitectónicos y en una secular contemplacion de las transformaciones de intensidad, densidad, transparencia y reflejo en el discurrir del día a la noche y de la noche al día, mediante dos sencillos procedimientos, la cubrición de todos los vanos y ventanas por vinilos coloreados y la iluminación proyectada por las columnas, cubiertas por impresiones fotográficas y convenientemente iluminadas. La artista intervenía tanto en el aspecto exterior del edificio, fundamental para Fisac, como en su interior, igualmente principal, y, por así decirlo, en igualdad de condiciones.

    El resultado final fue espectacular, pudiéndose afirmar que, en una espiritualidad que no cabría ceñir a un pensamiento único, sino que absorbe cuanto de cosmopolita hay en el de la propia artista, venían a conciliarse los dos modos divinos de la luz, aquella más tenebrosa emanada de los muros, cual si procediese de mosaicos encendidos, y la nueva, dionisiana, fruto de su paso por la vidriera.

    Una pista importante de lo que pasaba por la cabeza de Mercedes Lara nos la da el título de la muestra: Tempus ait. Sí, El tiempo habla.

    En el Palacio de Pimentel, sino aparecieron sí desempeñaron un rol fundamental, que ahora se ha constituido en manera principal de hacer, los hilos de algodón como elemento soporte del color.

    “En el Palacio de Pimentel, Mercedes Lara hace partícipe de las nuevas piezas al entorno. Los claro-oscuros de sus pinturas se reproducen ahora en los espacios de transición entre una sala y otra; en las rotaciones de los focos lumínicos; en sus cambios de tonalidad e intensidad al chocar contra el tejido y proyectarse lejos… La artista tiende hacia una especie de obra de arte total que asume su propia naturaleza postpictórica y el ámbito en el que se despliega”, escribía Javier Díaz-Guardiola.

    En Holes, la obra principal de esta exposición, asistimos a una visión que podríamos decir múltiple no sólo de los puntos de vista, pues la pieza cambia sustancialmente de su visión cenital, desde la balaustrada superior –desde la que se despliega una policromía cambiante–, a aquella a ras de suelo, deambulante, en la que las columnas se alzan por encima de su cabeza y ocupan casi la totalidad del horizonte; sino que, también, las transformaciones simultáneas y progresivas de los colores de cada una de ellas hacen que su contemplación sea la de un bosque o paisaje tan inmutable en la forma como variable en sus proyecciones de color por no hablar del teñido general del aire, que envuelva al visitante. Emiten luz como señal vital de su ánima.

    Cabe colegir que la evidencia de sendos guiños de homenaje a dos figuras de la potencia de Donald Judd y James Turrell no es ajena a la certeza de Mercedes Lara de un posicionamiento sensual y conceptual que le permite compaginar la hechicera fascinación visual de las luces emergentes y evanescentes de Turrell, ese resplandor acaparador de la mirada, con la rigurosa formulación de los modelos propia del minimalismo. La rigidez de la norma iluminada por la cambiante y casi lujuriosa metamorfosis del color.

    A esa escueta nómina que alude, Turrell y Judd, cabe añadir otros nombres que creo que no le son del todo ajenos aún cuando su articulación resulte más delgada, así, a mi modo de ver, el italiano Ettore Spalletti, del que se distancia por su densidad cromática, pero con quien confluye en la creación de sitios que son atmósferas de color. Como Spalletti, aunque en un registro distinto, Mercedes Lara también quiere, creo, crear aposentos en los que permanecer mejor, en los que no sienta uno ganas de marcharse o de salir.

    Miguel Fisac en una célebre carta dirigida a sus sobrinos en la que expone su idea de la arquitectura escribe que “una definición rotunda de lo que para mí es la arquitectura es, un trozo de aire humanizado”, una frase que ligeramente variada bien serviría para definir también qué es para Mercedes Lara su arte: un trozo de luz humanizado”.

Anterior
Anterior

15º Huso horariio 2013

Siguiente
Siguiente

En el tiempo 2009