"El universo es fluido y cambiante; el lenguaje, rígido"
J.L. Borges
En los últimos años de su que hacer artístico Mercedes Lara ha ido desde la recreación pictórica de la luz hasta la utilización de ella misma, una travesía tras la luz.
Superficies pictóricas llenas de luz densa y difusa, fotografías intervenidas pictóricamente en sus obras de otros tiempos y las obras que ahora nos presenta en esta exposición son algunos ejemplos de esa preocupación que le ronda desde hace tiempo y que ahora parece estar en el meollo de su creación artística. Una preocupación, que tratándose de una pintora, podríamos calificar de ancestral, heredada de muchos siglos de tradición.
Objeto de numerosas teorizaciones par parte de artistas y pensadores, la luz ha alumbrado a la vista, el sentido considerado primordial en Occidente, y también a la pintura. Por su extraña calidad inmatérica y por las muchas connotaciones que lleva implícitas a la luz se la ha asociado tradicionalmente en nuestra cultura con el conocimiento, el bien, la verdad, la belleza, la divinidad. Su condición cambiante dentro y fuera del arte puede definir formas o confundirlas, esculpir o hacer desaparecer volúmenes, transfigurar espacios, cambiar estados de ánimo y la apreciación misma de la realidad y el color.
Atraída por los efectos de la luz y en busca de una mayor fuerza expresiva, Mercedes ha ido dando paso en su obra a la presencia de la luz en estados supuestamente más puros y no solo eso, sino que la ha dejado actuar directamente sobre ella.
Así, las piezas de esta exposición se nos presentan como un juego de confusiones donde se pierde la noción de que es aquello debido a la mano de la artista o de la luz. Un metafórico juego de espejos compuesto par fotografías de luces, metacrilatos, resina, pigmentos... donde unos y otros compiten en evanescencia, emulando y emitiendo luz. Luz dentro de la luz dentro de la luz...
La antagonista que le da la replica necesaria para su existencia, la sombra, se intuye tímidamente, pero ¿qué son los reflejos sino luces y sombras?, y las veladuras ¿no son acaso leves sombras también? Recurrentes en toda la producción de Mercedes, las veladuras, formadas en este caso por una bella urdimbre de hilos pegados sobre la superficie, confieren un rico acabado a sus piezas. Finas capas que sugieren la sutileza de algún misterio que esta mas allá, en la profundidad engañosa de algún reflejo.
De sus viajes a Asia la artista vuelve con materiales, imágenes, ideas, maneras de ver, ingredientes para su trabajo, quizás una de las más evidentes y abundantes influencias haya sido la de la veladura. Las formas de vida en Oriente han transcurrido de manera habitual entre las sombras generadas por los filtros de las celosías u otros muros traslúcidos, veladuras de luz en definitiva. Por otra parte, la convivencia de las tradiciones mas antiguas con las ultimas tecnologías que se da en algunas ciudades asiáticas también me recuerda a la obra de Mercedes. Fotografía digital manipulada con medias informáticos y saore ella pigmentos e hilos colocados con maneras de artesana.
Traslaluz se articula entorno a una obra central compuesta por nueve piezas con entidad propia que han sido encajadas a modo de gran rompecabezas. Con semejante carta de presentación resulta difícil sustraerse al sentido lúdico que poseen las obras y sobre el que la artista quiere hacer hincapié. Los cristales de colores tienen ciertas resonancias mágicas, al igual que las sombras y los reflejos, algunas formas caleidoscopicos y otras caprichosas nos transportan ineludiblemente a paisajes oníricos, tal vez el recuerdo de algún juego infantil, quizás las luces de una noche festiva.
Las piezas de la escultura se engarzan al igual que el resto de las obras dentro del espacio expositivo con un estudiado sentido rítmico reflejo de los ritmos vitales de los que cada uno somos parte y partícipe. La aparente mezcolanza orgiástica de luces y colores que puede sugerir el sentido lúdico que subyace en la exposición esta cuidada en cada acento y cada pausa cromática, cada silencio, cada ligazón, cada rima de sus polidípticos, en el usa certero de formas y colores para provocar la vibración precisa del alma.
"Un hecho cualquiera -una observación, una despedida, un encuentro, uno de esos curiosos arabescos en que se complace el azar- puede suscitar la emoción estética. La suerte del poeta es proyectar esa emoción, que fue íntima, en una fabula o en una cadencia. La materia de que dispone, el lenguaje, es [...] absurdamente inadecuada. [..]
Un volumen de versos no es otra cosa que una sucesión de ejercicios mágicos. El modesto hechicero hace lo que puede con sus modestos medios. Una connotación desdichada, un acento erróneo, un matiz, pueden quebrar el conjuro. "
J. L. Borges
A medida que avanza este escrito dedicado a Traslaluz me percato de que ya no es solo la luz aquello ansiado en sus obras. En la trayectoria de Mercedes ha habido una estilizaron de los temas y un despojamiento paulatino de las técnicas tradicionales de la pintura sin desligarse totalmente de ellas para lograr, de este modo y paradójicamente, un acercamiento mas sincero a sus elementos primigenios: luz y sobre todo, color.
Afinando cada vez más la sutileza de obras anteriores, Mercedes trabaja con la sabiduría de un alquimista mezclando colores y vertiéndolos como fluidos volátiles sobre la superficie del cristal. Aligerando materiales y maneras, las superficies de sus obras parecen una amalgama de sustancias transparentes en continuo movimiento. Son instantes que atrapo en algún momento con su cámara fotográfica y que vuelven al presente transmutados en etéreos contrastes cromáticos.
Esencias de color que al destaparse nos traen la reverberación de un mediodía de verano, las formas cambiantes de una duna, el cielo a punta de comenzar la tormenta, una calle comercial en una noche de lluvia, los reflejos del mar, la sombra de una hoja, el brillo de la escarcha sobre un cache, los colores de la seda, la ondulación del fuego... o quizás ensoñaciones m´ss vagas.
"Los tonos de los colores, al igual que los de la música, son de naturaleza mas matizada, despiertan vibraciones anímicas mucho mas finas que las que podemos expresar con palabras. "
Kandinsky. De lo espiritual en el arte.
Colores velados par colores, disonancias que funcionan dentro de un gran ciclo acompasado, formas mudables y engañosas que se desvelan a través de algún traspié del destino. Recuerdos que se volatilizan, sueños que olvidamos al despertar, visiones que duran un momento, instantes de dicha...
Las obras de Mercedes se parecen a la sustancia de la que debe de estar hecha la vida, una sustancia misteriosa, voluble y transparente.
Patricia Alonso. |